APRENDIENDO A VIVIR
(ante la realidad de la muerte)

Las pérdidas más dolorosas son las que ocurren en la familia. Se plantean grandes cambios en las relaciones sociales y familiares y hay que adaptarse a una nueva forma de vida. Aún cuando hayamos velado durante una larga enfermedad o en el lento deterioro de la vejez, el significado emocional del cambio suele ser mayor de lo que anticipamos.

Aún cuando hayamos contado con el tiempo suficiente para adaptarnos a la posibilidad de la muerte, surgen reacciones emocionales, similares a las producidas cuando la muerte ha sido repentina. Con la muerte de un ser querido no solamente vislumbramos nuestra propia muerte, sino que morimos un poco. Lo que ha sucedido en el fondo de nuestro ser, al enfrentar la muerte, no es otra cosa que el resquebrajamiento de una prolongación de nuestro yo. No se trata solamente de que estamos relacionados con otras personas; en cierta medida vivimos en esas otras personas. Sentimos con ellas y ellas sienten con nosotros.

Este folleto quiere alentarnos a aprender a vivir. La muerte, como es natural, viene para todos, pero si estamos preparados para encontrarnos con ella, nuestra vida puede cambiar mucho desde ahora. Es en esta área de nuestra vida donde necesitamos mucho de Dios. El tiene respuestas a nuestros interrogantes, y lo que es más importante aún, el camino y la fuerza para transitar el doloroso problema de la muerte de un ser querido.


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